“No somos cínicos, sólo que no creemos una palabra que dices. No somos críticos, simplemente lo odiamos todo de todos modos”*

Mi vecino es un hombre paciente y dedicado. Estos últimos años he visto que pone todo su esfuerzo y empeño en cuidar su jardín. Riega sus plantas con regularidad, corta el césped, saca las malas hierbas, abona el terreno; y en conclusión, se desvive por mantenerlo cuidado. Aunque nunca se lo he dicho personalmente, ver su jardín es encontrar color en medio los tonos oscuros de la ciudad, y por lo tanto, me crea cierta sensación de tranquilidad.

El problema viene cuando recibe visitas. En realidad, el problema se da cuando sus visitantes están ebrios y traen consigo a sus hijos. Los niños juegan en su jardín, sin temor a pisar el césped bien recortado, arrancan las flores y se sientan sobre ellas… y si tienes niños supongo que tienes idea de lo que sucede. Mientras que los padres en estado etílico, escupen, pisotean las flores y bailan sobre ellas. Al final, lo único que queda es un remanente de tierra removida que indica que alguna vez allí hubo un jardín.

 Una vez que ellos se van -y dejan el jardín destrozado-, me admiro de la reacción de mi vecino.

En vez de molestarles o enfadarse por la situación, él prefiere quedarse en silencio, tomar sus herramientas y reparar los daños. En más de una ocasión, ha tenido que reconstruir el jardín desde cero.

Ojalá todos pudiésemos reaccionar igual.

Cuando hacemos algo que nos apasiona y ponemos todo nuestro esfuerzo en él, creemos que los demás lo amarán tanto como nosotros; pero entonces vienen los cínicos y críticos que no hacen más que destrozar todo aquello que nos importa. Lo hacen sin piedad porque creen que están en el derecho de hacerlo, porque se escudan detrás del rótulo “crítica constructiva”, y porque creen que están ayudándonos al darnos sugerencias.

Después que nos han dejado en el suelo, con el corazón y los sueños rotos, la mayoría solemos sentirnos sin valor, pensando que todo nuestro esfuerzo es en vano, que nuestro talento es inútil, y que algo debe andar mal con nosotros porque los demás no nos aceptan.

¿Te ha ocurrido?

A mí sí. Y más de una vez.

No podemos evitar a los cínicos y críticos, así que la cuestión principal no es cómo eliminarlos, sino cómo confrontarlos. ¿Eres de los que se sienta a llorar y enojarse al ver su jardín destrozado? ¿O eres como mi vecino, que no le importa lo que hayan hecho de su jardín, y vuelve a comenzar?

Nunca es tarde para levantarse. No te visualices ni sueñes con que te levantas. HAZLO.

*Cynics & critics – Icon for Hire
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