Acabo de leer un maravilloso libro llamado Dead dog like me de Max Davis, y lo primero que pensé al terminarlo fue: “He aquí, un autor que sabe desnudarse”.

La mayoría de personas que quiere aventurarse en el mundo de la escritura, siente que tiene que complacer al lector; y en parte tienen razón. No obstante, la mayoría se embarca en darle más sentido literario al asunto y usan palabras rebuscadas y adornan las oraciones con muchos adjetivos. Al final, el libro puede resultar placentero a la vista y al cerebro, pero lo que queda es una historia un tanto hueca y poco convincente.

¿La razón?

El autor no se desnudó.

Escribir con honestidad y desde lo profundo de nuestro ser, es una de las tareas más difíciles porque implica quitarnos las ropas de quienes pretendemos ser, o la vestimenta de quienes los demás quieren que seamos. Ser honesto implica decir las cosas como son, lo malo y lo feo, sin ocultar ni maquillar nada.

Cierto es que no todos se van a complacer con el resultado, y probablemente las críticas lluevan a raudales. Sin embargo, la historia, los personajes y cada una de las situaciones serán verdaderas. No importa si escribes ficción o no, pero cuando desnudas tu mente e interior, se nota.

Esto no implica que conviertas tu vida ni la de los demás en una novela, si no que seas transparente en el momento en que tus ideas sean expuestas.

Recuerdo que una vez escribí un cuento que -al igual que todo lo que escribo- era muy personal para mí. Pensaba enviarlo a un concurso, pero me di cuenta que el final iba a ser demasiado decepcionante para los lectores, así que cometí el gran error de mi vida: cambié el final.

En vez de ser el final que yo planeaba, lo reemplacé con uno más esperanzador y feliz. Después de leerlo me di cuenta de lo decepcionada que estaba conmigo misma, porque sabía que ese final no era yo. Como era de esperarse, no gané el concurso; y uno de los jurados se me acercó y me dijo: “Pudiste haber ganado, pero el final fue tan seco y diferente a lo anterior, que sentí como si hubiese sido escrito por otra persona“.

Y estaba en lo correcto. Hasta ahora no supero el hecho de no haber sido fiel conmigo misma, y en vez de ello, intentar agradar a los demás.

Por ello, cuando escribí Gris, fue mi forma de decirle al mundo que de ahora en adelante voy a desnudar mi mente cada vez que escriba. No obstante, mantener esa promesa no es cosa fácil. Hay momentos en los que quiero ceder a la tentación de ponerme la vestimenta de la comodidad y ver si puedo agradar al público; pero cuando esos momentos vienen, recuerdo que primero, uno escribe para sí mismo y luego para los demás.

Escribe sobre lo que te apasione, lo que te molesta, lo que no estás de acuerdo, lo que quisieras que fuese, etc. Pero nunca olvides que el primer lector al que debes impresionar, es a ti mismo.

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