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La razón fundamental porque abrí este blog fue para compartir información sobre la ficción cristiana y animar a otros a leer; sin embargo, me he topado con la triste realidad de que la industria de las novelas cristianas está cayendo en picada. Ustedes pueden comprobarlo con mis últimas reseñas, pues la mayoría de libros que he leído últimamente están en inglés.

Hace casi un mes que leí un artículo escrito por Chip Macgregor, donde mostraba la dura realidad de la ficción cristiana; y aunque estoy totalmente de acuerdo con su punto de vista, me di cuenta de que hay un enorme abismo de diferencia entre la ficción cristiana en inglés y en español, por lo tanto, decidí dar mi apreciación sobre el tema.

1. Otra realidad:

Lamentablemente los hispanohablantes leemos mayormente libros traducidos. Esto no quiere decir que esté mal, sino que muchas veces los escenarios, frases y vivencias de los personajes descritos, no se ajustan a nuestra realidad; y por lo tanto, el mensaje a veces pierde sentido. Si bien es cierto que hay libros que se ajustan a cualquier cultura, no podemos sentirnos plenamente identificados con las historias porque es una realidad que no nos toca vivir.

Con esto no me refiero a que debemos escribir únicamente para nuestro contexto, sino que nuestros escritos deben ser un poco más realistas para los que hablamos español, y específicamente, para los latinoamericanos.

2. Falta de escritores:

Hay escasez de escritores en español, y a veces no por falta de talento, sino de oportunidades. Si es que se produjera más libros de ficción cristiana en español, las editoriales verían que hay un mercado que se puede explotar, pero como lastimosamente, los hay pocos, debemos esperar a que una editorial se dé el afán de traducir un libro del inglés y así al fin tengamos algo qué leer.

3. Piratería:

Sinceramente, he llegado a hartarme de ver peticiones de links de descargas u opciones para leer online. Este tipo de comportamiento agrava la situación, no sólo de la ficción cristiana, sino de los libros en general. Sin embargo, no quiero hablar de este tema pues ya escribí un post referido a este tópico.

4. Baja calidad literaria:

Chip Macgregor decía que hay excelentes libros, pero que no tienen calidad literaria. Por supuesto, este comentario me golpeó duro, pues tiene razón.

Mientras que la ficción cristiana se enfoca mayormente en el mensaje y el desarrollo de la historia, no pone énfasis en la calidad literaria, por lo tanto es blanco fácil para la crítica; y éste es un punto que no se puede negar.

Otro aspecto, que aunque parezca increíble, es que algunas personas pretenden escribir sin tener la mínima idea de cómo hacerlo. No intento subestimar a nadie, pues a final de cuentas nadie nació escribiendo, pero me refiero a aquellos escritores que no tienen cuidado en la gramática. Me apena decir que he leído manuscritos con “q”, “uviese” o “fuistes”. Y sí, siento vergüenza ajena porque no entiendo cómo se puede pretender escribir algo si no se pone el mínimo de esfuerzo en lo que se hace.

Así que escritores, por favor lean e investiguen.

5. Editoriales que cierran sus puertas:

Como toda empresa que necesita ingresos, entiendo que las editoriales sean un poco reacias a publicar novelas cristianas, por el simple hecho de que no hay ventas. ¿Y por qué? Esto hay que preguntarles a las personas que lo quieren todo gratis y/o descargado de internet, pues son quienes mayormente contribuyen a que las editoriales le cierren las puertas a autores nuevos.

Pero también está el otro lado de la moneda. Si quieres publicar con una editorial que tenga renombre, tienes que contactarlos por medio de un agente literario… Y ¡oh, sopresa! No hay agentes literarios de ficción cristiana en español.

También existe el hecho de que las editoriales tienen lineamientos de redacción, así que si quieres publicar con ellos, debes escribir algo que se adapte a sus normas, lo cual hace que la publicación por el medio tradicional sea aún más complicado.

6. ¿Quién es el público objetivo de la ficción cristiana?:

En mi experiencia como lectora de autores publicados y no publicados, me he dado cuenta de que la mayoría cae en el vicio de contar la misma historia cliché: la del personaje al que todo le va mal, pero que luego se convierte a Dios y de pronto, todo le va bien.

Antes que comiencen a lloverme las críticas, quiero aclarar que no tengo nada en contra de las historias de redención. De hecho, muchas de ellas me han conmovido profundamente, y podría hacer una lista de esos libros. No obstante, lo que sucede es que esas historias están diseñadas para un público cristiano, que conoce y habla la jerga de iglesia; y no para el público común.

Muchas veces, yo misma he tenido dificultad para entender lo que estos autores quieren decir, porque simplemente creen que están predicando en un púlpito, y no narrando una novela.

Además, se supone que las historias cliché tienen como objetivo llegar a un público que necesita leer esa historia, pero ¿cómo se supone que van a leerlo si tiene baja calidad literaria y está escrito en lenguaje religioso?

Lo que sucede es que esta ficción está escrita para cristianos, lo cual está bien, pero  también se debe escribir otro tipo de novelas, que no sólo prediquen al que ya le han predicado.

Aunque debo admitir que si bien hay autores que hacen el maravilloso trabajo de escribir para un público en general, sin dejar de lado su fe en Dios; todavía hay personas que insisten en que se debe utilizar lenguaje de iglesia.

He sido criticada porque en mi libro, Gris, en ningún momento menciono a Dios, ni intento predicar a mis lectores; y es que mi objetivo nunca fue ese. Mi meta con mi libro fue escribir algo que invitara a las personas a reflexionar sobre su conducta, y no a dedicarles más de 200 páginas de un sermón sobre el arrepentimiento. Obviamente, esto causó disgusto entre algunas personas pues me preguntaban dónde estaba la base bíblica para aquello, y mi respuesta es que basé la historia en Jeremías 13:23.

Sin embargo parece que esta idiosincrasia contagia a algunas editoriales que quieren publicar sólo historias cliché, y que por lo tanto, no aceptan a escritores con diferentes opiniones.

Con todo lo mencionado antes, me doy cuenta de que la ficción cristiana en español es casi inexistente. Prueba de ello tenemos a la poca cantidad de los libros que han sido publicados en estos últimos tres años. Las editoriales grandes ya no publican a autores hispanohablantes, y sólo algunos de ellos hacen el esfuerzo de traducir libros y novelizaciones de películas.

Como lectora, blogger y escritora (en ese orden), me gustaría que la realidad fuera diferente. Quiero ser optimista y pensar que esto cambiará en el futuro, y que una nueva generación de escritores, editoriales y lectores unirán esfuerzos para marcar la diferencia.

De todo corazón, eso espero.

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