¡Bienvenidos a otro episodio de las anécdotas de mi vida que me hacen reflexionar!

Hoy les contaré que he encontrado duendes que escriben tus libros mientras duermes. Ahora prepárate para el dolor de espalda y de manos, porque tales duendes ¡no existen!
Lastimosamente.
Escribir es un trabajo arduo y nadie lo hará por ti 🙂

Ahora sí, fuera de bromas -aunque dudo que alguien se haya reído- les quiero compartir algo que aprendí recientemente.

Hace unos días estaba tan decepcionada de mi trabajo, que pensé renunciar. No es que haya tenido altas expectativas sobre él, pero llegó un punto en el que simplemente no podía continuar viendo tantas cosas con las cuales no estoy de acuerdo, y dejarlas pasar como si fueran nada. En ese momento empecé a decirle a Dios: “¿Por qué permitiste que obtuviera este trabajo?”, “¿Por qué no se averió el auto en el que yo iba, llegué tarde a la entrevista y no obtuve el empleo?”, “¿Por qué me dejaste tomar una decisión tan mala?”

No es que le estuviese culpando a Dios por lo que ocurría, pero sí le increpé por qué no me detuvo. Supongo que la mayoría de seres humanos hacemos eso… Y si no, ser la primera no es un mención honrosa en lo absoluto.

En fin, estaba cansada y un poco indignada; y justo cuando pensé que renunciar era la mejor solución, hablé con alguien que me cambió mi noche en día.

Esta persona me dijo que tenía muchos proyectos en mente, pero que nunca supo cómo empezar porque no tenía la ayuda requerida; y que si trabajamos juntos, podemos hacer que estos sueños se conviertan en realidad.

La idea me encantó, porque además de estar relacionada con mi profesión, tiene que ver con libros, así que estoy más que contenta. Ahora que veo en retrospectiva, nunca hubiese llegado a tratar con esta persona de no ser por mi trabajo; y de hecho, él me dijo: “Creo que Dios te trajo a este lugar con un propósito especial”.

Y honestamente, no me sentí especial después de eso. No podía deshacerme del remordimiento por haber cuestionado a Dios.

Nosotros vemos una pieza pequeña, pero Él ve todo el rompecabezas. Tal vez no lo entendamos hoy, ni mañana, ni en años, pero cuando llegue el tiempo sabremos cuál es su plan.

Hasta este momento, no sé qué otros planes tiene Dios conmigo o contigo, pero por el momento, diremos que sólo sabemos que casi sabemos, porque al final, Él es quien lo sabe todo.

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